Todos unidos ¿triunfaremos?: El peronismo santafesino y su festival de listas
Por Gonzalo Nuñez* para Radio Ideal
Otra vez sopa. En cada elección, el peronismo santafesino parece más una asamblea estudiantil desorganizada que un partido con vocación de poder. Para los comicios del 13 de abril, han decidido no escatimar en papel y tinta: una cantidad absurda de listas internas compiten entre sí, en una batalla más digna de un reality show que de una estrategia electoral seria.
Mientras tanto, el oficialismo observa desde la tribuna con una sonrisa de oreja a oreja, viendo cómo el peronismo hace su propio trabajo sucio. Porque no nos engañemos: esta proliferación de listas no es un síntoma de democracia interna saludable, sino la muestra de que nadie está dispuesto a ceder un centímetro de protagonismo. Cada dirigente quiere su propia estructura, su boleta, su juego de fichas en el casino electoral, sin importar las consecuencias a largo plazo.
La dispersión del voto peronista es un problema serio. En lugar de concentrar fuerzas en una oferta electoral competitiva, el oficialismo parece empeñado en auto-boicotearse. Las internas en sí mismas no son malas, pero cuando se transforman en un ring de egos, terminan debilitando al partido y regalando votos a los adversarios. En este caso, con un radicalismo al frente del Ejecutivo provincial y una oposición de derecha bien organizados y con discurso unificado, el peronismo de Santa Fe parece decidido a darse un tiro en el pie.
Los analistas políticos ya lo advierten: este desorden interno puede costarle muy caro al justicialismo. Con tantas listas compitiendo, la fragmentación del electorado es inevitable, lo que deja la puerta abierta a que las otras fuerzas políticas capitalicen el descontento y la confusión. Si la dirigencia peronista sigue priorizando sus ambiciones personales por sobre un proyecto común, la derrota no será culpa de la propuesta superadora de sus adversarios o de la falta de compromiso de la militancia, sino de su propia miopía política. El único beneficiado de este caos es el gobernador Pullaro y los referentes libertarios, que ven cómo la división del peronismo allana el camino para consolidar su poder y captar votos de quienes buscan una alternativa a la desorganización oficialista.
Lo que debería preocupar más a los santafesinos no es solo quién gana o pierde, sino qué tipo de gobernabilidad pueden plantear después de esta interna caótica. Porque una cosa es competir en elecciones con propuestas claras, y otra muy distinta es llegar a la gestión con un mosaico de dirigentes enfrentados, sin cohesión ni rumbo definido. Si hoy no pueden ponerse de acuerdo para armar una lista unificada, ¿cómo pretenden en un futuro gobernar una provincia con desafíos tan complejos?
El peronismo santafesino tiene una oportunidad histórica para aprender de sus errores. Si sigue apostando al internismo feroz, la fragmentación y el espectáculo de las listas infinitas, terminará pagándolo en las urnas. Y lo peor de todo es que, cuando llegue el momento de asumir responsabilidades, será demasiado tarde para lamentos.
A esta altura, da la impresión de que el peronismo santafesino no quiere ganar, sino jugar al eterno ensayo de derrota. Con dirigentes más preocupados por sus pequeñas parcelas de poder que por el destino de la provincia, están firmando su certificado de irrelevancia política. No es casualidad que Pullaro y los libertarios celebren: cuando el rival se autodestruye, el único esfuerzo que deben hacer es preparar la silla para sentarse a gobernar. Y si el peronismo sigue por este camino, no se sorprendan cuando la próxima elección termine siendo un velorio político, con el PJ en el rol del homenajeado.
*periodista, locutor, productor y docente