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Ajuste, fe y fractura: el verdadero balance de los dos años de Javier Milei

Redactado

Por Gonzalo Núñez*, para Radio Ideal

 

Por momentos, la Argentina de Milei parece un laboratorio: números que cierran, gente que no; mercados eufóricos, vidas en pausa; promesas en loop, realidades sin suspenso. A dos años de su llegada triunfal a la Casa Rosada, el presidente libertario sigue afirmando que está “salvando al país”, mientras los indicadores económicos muestran un orden macro obtenido a fuerza de recesión, pérdida de ingresos y un ajuste fiscal pocas veces visto en democracia. Pero la pregunta que late detrás de cada gráfico es otra: ¿cuánto más puede sostenerse un país fracturado entre la fe y el cansancio?

La épica del ajuste y los datos que duelen

Milei construyó su narrativa sobre un objetivo central: frenar la inflación y eliminar el déficit. En esto, logró lo que ningún presidente reciente consiguió: superávit fiscal consecutivo y una desaceleración inflacionaria notable. Sin embargo, el precio fue brutal. La actividad económica cayó fuerte en 2024, y aunque en 2025 mostró signos de recuperación, está lejos de recomponer lo perdido. La industria, el empleo formal, las pymes y el consumo siguen navegando en zona roja.

El propio oficialismo festeja la baja inflacionaria, pero evita mencionar que llegó acompañada de una licuación histórica de salarios, jubilaciones y ahorros, junto con miles de cierres de empresas en sectores productivos tradicionales. El rebote que muestran algunos indicadores es más un reflejo estadístico que un renacimiento real.

La fe como último recurso político

En su editorial, Fontevecchia habló de “un pueblo que eligió querer y creer”. Y algo de eso explica la resistencia política que Milei mantiene incluso cuando las estadísticas sociales son demoledoras. El presidente logró instalar la idea de que cualquier dolor presente es culpa del pasado. El ajuste se volvió un acto de fe, y cuestionarlo implica, para sus seguidores, volver a la herejía del “viejo régimen”.

El problema es que la fe no llena la heladera, y el desgaste empieza a colarse por zonas que antes parecían impermeables. El humor social ya no es de esperanza: es de espera tensa.

Promesas a medio cumplir y un rumbo inconcluso

Los chequeos de campaña son evidentes: la mitad de las promesas están incumplidas o directamente archivadas. La dolarización —la joya libertaria— quedó congelada en el discurso. La “motosierra” fue más quirófano sobre los sectores vulnerables que cirugía sobre los focos reales de privilegio estatal. La reforma laboral no avanzó. La educativa, menos. La seguridad, bandera central de su retórica, no logró mostrar mejoras sostenidas.

Mientras tanto, sí avanzaron los capítulos más incómodos: venta de candidaturas, conexiones con figuras vinculadas al narcotráfico, desmanejos en organismos como ANDIS y el caso Libra. Milei prometió barrer la “casta”, pero en dos años terminó rodeado por segmentos enteros del mismo sistema que decía combatir.

Los siete datos que explican un país partido

  • Inflación a la baja, pero aún alta en alimentos y servicios básicos.
  • Riesgo país en descenso, aunque todavía en niveles propios de una economía vulnerable.
  • Actividad económica volátil, con recuperación desigual y sectores estructuralmente dañados.
  • Salarios reales estancados, sin recomposición fuerte tras dos años de caída.
  • Pobreza que no cede, pese a la narrativa oficial de estabilización.
  • Tipo de cambio atrasado, después de haber subido incluso más que la inflación.
  • Inversión privada débil, atrapada entre el entusiasmo financiero y la incertidumbre productiva.

El equilibrio macro existe, pero es frágil. Y su traducción social, mínima.

El costo político del experimento

Milei llega a su segundo aniversario de mandato fortalecido ante un núcleo duro de apoyo, pero erosionado ante un país que siente que vive en una competencia constante por sobrevivir. La política se convirtió en un ring: vetos, peleas con gobernadores, choques con el Congreso y un gabinete que parece cambiar más por combustión interna que por estrategia.

Los mercados pueden celebrar el orden fiscal, pero la ciudadanía mira otra cosa: la vida cotidiana. Y ahí es donde el Gobierno todavía no logra anotar un triunfo.

El saldo: un país que aún no encuentra repuesto

Se pueden discutir números, teorías y modelos. Lo que no se puede discutir es que, a dos años, la Argentina sigue siendo un país fracturado. Entre quienes insisten en creer que el sacrificio actual tendrá recompensa futura y quienes ya sienten que el ajuste dejó de ser un puente hacia algo mejor para convertirse en un modo de vida eterno.

Javier Milei prometió devolverle grandeza a la Argentina. Por ahora, lo único que devolvió con eficacia son cuentas ordenadas y un pueblo desordenado.
Los próximos dos años dirán si el experimento libertario fue un punto de inflexión… o simplemente otro golpe más en la larga historia de crisis argentinas.

 

 

 

 

*Periodista, locutor, productor de radio y televisión. Licenciado en Comunicación. Docente

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