Cristian Jerónimo y Mario “Paco” Manrique advirtieron sobre el impacto negativo del modelo económico. Denuncian la pérdida de miles de empleos y el desmantelamiento de conquistas laborales.
Tras la masiva movilización frente al Congreso para rechazar la reforma laboral que se debate en el Senado, la conducción de la Confederación General del Trabajo (CGT) envió un mensaje contundente al Gobierno Nacional: si no hay respuestas a los reclamos, el conflicto escalará hacia una medida de fuerza nacional.
Cristian Jerónimo, integrante del triunvirato de la CGT, destacó que la movilización de este miércoles es solo el inicio de una reacción organizada. “No descartamos ir a un paro nacional. Si el Gobierno profundiza las medidas contra el mundo del trabajo, nosotros profundizaremos las nuestras”, afirmó el dirigente.
Jerónimo hizo hincapié en que el malestar va más allá de un proyecto de ley puntual:
-
Modelo regresivo: Denunció que el esquema económico actual solo favorece a los sectores más concentrados.
-
Inestabilidad social: Mencionó la crisis de seguridad en Santa Fe y el cierre de empresas como síntomas de un panorama “crítico”.
-
Pérdida de empleo: Cuestionó las cifras del INDEC, sugiriendo que la caída de puestos de trabajo podría superar ampliamente los 300.000 registrados oficialmente.
La crisis industrial: El caso automotriz
Por su parte, el diputado nacional y secretario adjunto de SMATA, Mario “Paco” Manrique, fue lapidario respecto a los argumentos del Ejecutivo para impulsar la reforma. “Esto no va a crear trabajo; lo único que quieren es facilitar los despidos y romper las protecciones legales”, sentenció.
Manrique describió un escenario alarmante para la industria local:
-
Caída del consumo: “Ningún empresario va a contratar gente si no tiene a quién venderle”.
-
Pérdida de competitividad: La industria automotriz sufre la falta de mercado interno y la competencia agresiva de mercados internacionales como el chino.
-
Cifras de SMATA: Confirmó que el sector ya ha perdido entre 4.000 y 5.000 trabajadores, con numerosas fábricas aplicando suspensiones para evitar cierres definitivos.
“La industria intenta dialogar con el Gobierno, pero no hay respuestas. Es una situación crítica donde el laburante está perdiendo su poder adquisitivo y su estabilidad”, concluyó Manrique.


