El calendario marca una cifra redonda que estremece, medio siglo. Cincuenta años desde que el reloj de la República se detuvo para dar paso a la etapa más oscura de nuestra historia. Sin embargo, este aniversario del 24 de marzo de 1976 no nos encuentra en una instancia de mera conmemoración estática, sino en un presente de profunda incertidumbre y fragilidad social.
La Herida Abierta y una Identidad que aun se busca. A pesar del paso de las décadas, la democracia argentina no ha logrado terminar de sanar. La herida de los desaparecidos sigue sangrando en cada nieto que aún no conoce su verdadera identidad y en cada familia que todavía no tiene un lugar donde dejar una flor. La justicia ha avanzado, es cierto, y Argentina es un faro mundial en el juzgamiento de crímenes de lesa humanidad; pero la “verdad completa” sigue siendo una deuda que el Estado mantiene con su propia historia.
El Contraste del Presente, la crisis Económica y Retroceso Cultural, hoy, el análisis de aquel quiebre institucional se solapa inevitablemente con la realidad del gobierno de turno. El país atraviesa un proceso complejo donde el futuro económico parece alejarse de las manos de las mayorías. No se trata solo de números o de inflación; se trata de una erosión cultural y de un cuestionamiento a los consensos básicos que creíamos inamovibles.
La pérdida de derechos, asistimos a una cotidianeidad donde derechos que fueron conquistados con décadas de esfuerzo y militancia social parecen diluirse bajo nuevas lógicas de mercado o recortes presupuestarios que afectan la educación, la salud y la cultura.
Cuando se desfinancia el pensamiento y el arte, se debilita la capacidad de una sociedad para mirarse al espejo. La cultura no es un gasto, es el tejido que sostiene nuestra identidad frente a la crisis.
El Compromiso de la Memoria, llegar a los 50 años del golpe en este contexto nos obliga a preguntarnos: ¿Qué democracia estamos construyendo? No basta con el acto de votar cada dos años si el pueblo pierde calidad de vida y esperanzas de progreso a diario.
La memoria no debe ser solo un ejercicio de mirar hacia atrás, sino una herramienta para defender el presente. Sanar las heridas del pasado requiere, necesariamente, que el presente deje de generar nuevos dolores. El “Nunca Más” debe aplicarse no solo a las botas, sino también a la exclusión, al hambre y al desprecio por la dignidad humana.
“Un pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla, pero un pueblo que no puede proyectar un futuro digno para sus hijos, corre el riesgo de perder su esencia.”

